FERNANDEZ VILLANUEVA, Julio

Quilmes

JULIO FERNÁNDEZ VILLANUEVA (1)

Pintor, médico y hasta inventor, un “bel morir” coronó la breve vida de Julio Fernández Villanueva. No necesitó de él para honrarla, porque había ennoblecido sus días en el ejercicio de las más altas virtudes. Nació en Buenos Aires el 21 de marzo de 1858, aunque fue bautizado el 7 de mayo en la misma parroquia de Quilmes en que se casaron sus padres.

Era el menor de seis hermanos y –aunque sus abuelos Mariano Fernández y Antonio Villanueva gozaron de una posición acomodada, el primero en la capital y el segundo en Ranchos- el hogar de Benito Julio (tal era su verdadero nombre) vio transcurrir sus días en un panorama de dificultades y estrecheces, que sólo una bien afirmada calidad espiritual le permitió llevar con decoro. Cursó sus estudios en el Colegio Nacional Buenos Aires, y en 1878, obedeciendo la voluntad paterna, ingresó a la Facultad de Medicina.

En 1884 se desempeña como practicante interno de la Casa de Expósitos y a fines de 1885 es aprobada su Tesis sobre Lactancia y Destete, que dedica a sus padres.

Desde chico tuvo facilidad para el dibujo y la pintura, destacándose también en la ejecución del violoncello, y en su participación en un cuarteto formado con Julio Iturralde, Rodolfo Labourt y su profesor, el inolvidable Antonio Barrera. También fue inventor: en 1886 patentó un transfusor de sangre, luego un sistema para enganche automático de ferrocarriles y otro para construir bloques de mampostería, para producir viviendas económicas.

En 1887 integra el Cuerpo Médico de Sanidad Internacional, pera prevenir el cólera y conoce Europa, en particular París, donde queda embelezado por el cuadro de la "Batalla de Rezonville" pintado por Neuville y Detaille. Fue una revelación que lo hizo exclamar: “Esto sí he de poder pintar; jamás podré llegar a estampar la dulzura mística de una madona, pero el brío, la confusión de estos soldados, creo que sí” Ya en Buenos Aires, en mayo de 1889, exhibe su primera obra: la Batalla de Maipú, realizada con el asesoramiento del general Bartolomé Mitre y del general Espejo, soldado y cronista de la epopeya sanmartiniana.

Por encargo del club Gimnasia y Esgrima, pintó las batallas de “San Lorenzo”, “Chacabuco” y la “Capitulación de los Ingleses en 1807”, y también muchas obras más, desde temas militares como la “Batalla de Maipú”, “Carga de Granaderos”, “Hospital de Sangre en la Guerra Franco Prusiana” y “Oficiales del Ejército de Francia”, hasta temas históricos, como “Invasión de Indios” ó “Descubrimiento del Fuego por el Hombre”, y paisajes tales como “Vista de Barracas y La Boca”, “Bajada al Río de la Calle Cerrito”, y “Claustro del Convento de San Lorenzo”, entre otros.

El 26 de julio de 1890 se produce en Buenos Aires el levantamiento cívico-militar conocido como la "Revolución del Parque", en la que el Dr. Guillermo Udaondo es nombrado cirujano mayor y organiza con los doctores Alejandro Castro y Fernández Villanueva un hospital de sangre. Udaondo y Fernández salen a buscar heridos en una ambulancia de la cruz roja y en la esquina de Libertad y Viamonte este último es abatido por una descarga policial, mientras procuraba retirar heridos en el campo de batalla.

Un mes más tarde, una comisión formada por el Dr. Udaondo, el general Manuel Campos, Tomás Santa Coloma, el Dr. Vaca Guzmán y León Gallardo, le rindieron el póstumo homenaje con un vasto programa que incluyó la erección de un mausoleo a su memoria en el cementerio de La Recoleta, exposiciones de sus obras, ateneos y un sinnúmero de reconocimientos bien ganados por quien fue nuestro pintor militar y un hombre de bien que murió heróicamente.

(1) Extraído de: “Julio Fernández Villanueva – Pintor de Historia Militar”, por Agustín Matienzo – Editorial EMECE, 1966.

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