LABOURT, José María

QuilmesEl lunes 14 de febrero de 2013, por la noche falleció el reconocido pediatra quilmeño tras una larga enfermedad. También se destacó como miembro del grupo de médicos de catástrofes y como dirigente del Mate

El 14 de febrero de 2016 se cumplieron 68 años de nacimiento del vecino de Quilmes, Dr. José María Labourt, hijo Francisco Eugenio Labourt y de Noemi Violeta Godoy Olazar, de prosapia berazateguense. Con solo decir que Plátanos era Godoy y los Olazar llegaron a Hudson en 1865, seria suficiente datos.

Pero volvamos a este pediatra, que fallecío el 28 de enero de 2013, para recordar su proyecto de vida reprodudimos esta nota donde cuenta su vivencia de su estadia en Bosnia, colaborando con Medicos sin Fronteras:

 

A salvo gracias a Diego

En enero de 2013 falleció quien fuera un reconocido médico pediatra y epidemiólogo con fuerte relación con el deporte. Jugó rugby, fue colaborador de Futbolistas Argentinos Agremiados y dirigente de Argentino de Quilmes. Trabajó para la fundación Solidarydar ayudando en los sitios más golpeados de nuestro país. Estuvo 25 días en Albania durante la guerra de Kosovo. Salvó vidas y le enseñó a jugar a la pelota a chicos sin niñez.

"Un día nos metimos en un lugar donde nos habían dicho que no debíamos mostrar la cámara filmadora. De repente lo perdí de vista a Paky Galé (Aquel de "La TV Ataca", quien se encontraba en Albania como médico y camarógrafo), que era mi compañero. Cuando lo volví a ver estaba en una barcaza, en medio de la gente, filmando. Enseguida saltó al muelle y vino hacia mí. Lo rodearon y comenzaron a tironearlo de la ropa al grito de "Lek", que es la moneda de ellos. Yo me quedé paralizado por el terror mientras él solo atinaba a balbucear: "Doctor...periodistas". Pero nada, ni siquiera se acercaba nuestro guardaespaldas ("no los conocía y seguro que me mataban a mí también", nos dijo después). Hasta que se le ocurrió gritar "Maradona" y aconteció el milagro. Como por arte de magia todos se tranquilizaron. Incluso le contestaron: "Batistuta, Kempes". Aún hoy, después de tantos años, no puedo creerlo. Diego nos salvó la vida". El doctor José María Labourt lo contaba con pasión y emoción. Y con la sorpresa que le generaba el entender lo que realmente el Diez significa en todo el mundo, incluso en aquellos sitios que parecen escondidos de la mirada de Dios.
Había nacido en Buenos Aires el 14 de febrero de 1948. Fue especialista en Pediatría, Infectología y Tisioneumología, trabajó en el Ministerio de Salud Provincial y Nacional. Cumplió funciones en la Municipalidad de Quilmes, en el Hospital Isidoro Iriarte del distrito y ejerció la Presidencia del Círculo Médico de esa localidad. Pero sin lugar a dudas, el lugar en donde tuvo mayor repercusión su labor profesional fue en las tareas humanitarias que realizó como parte del grupo de Solidarydar y otras organizaciones que se encargan de llevar atención sanitaria a zonas devastadas de la Argentina y el mundo. "Yo tenía una vida normal, aunque vivir 55 años en la Argentina es bastante difícil. Lo más raro para mí era ir a caballo ida y vuelta hasta Chascomús, o salir a navegar, algo que me gusta mucho. Pero nunca ir a buscar la tormenta. Un día estábamos viendo televisión en casa y nos detuvimos en un programa que, con mucha seriedad pero muy crudamente, analizaba y contaba lo que ocurría en Kosovo. Estaban Mirta, mi señora, y también mis hijos María y Agustín. En un momento Mirta me miró, conmovida ante las imágenes, y me dijo: "Vos tenés que hacer algo". Y como si la hubiesen escuchado, al otro día me llamaron para ver si me podía subir a un proyecto humanitario para Kosovo. Y dije que sí". Una respuesta instantánea que sonaba común en boca de un hombre poco común. Es que de él se podría decir que fue rugbier en el Círculo Universitario de Quilmes. O que era hincha de Racing y de Argentino de Quilmes, club del que, además, fue eterno colaborador. O que asistió a la fundación El Futbolista, que depende de Futbolistas Argentinos Agremiados, dando charlas sobre prevención de adicciones y del SIDA. En una de esas disertaciones lo disfrutamos en el salón Celeste de Atlético. 
"Pero antes de que viajemos a Kosovo trabajé con la fundación en las inundaciones de nuestro país. Una vez, en Corrientes, fuimos en canoa en medio de un gran espejo de agua y me quedé mirando un largo rato una yarará. Cuando la perdí de vista comenté sobre la belleza de sus movimientos. Entonces me dijeron: "Que raro que no se subió al bote". Me quedé helado, eso sí que fue de terror". Claro que la siguiente vez fue muy distinto todo. Tras instalarse en Tiranía, ubicada a 13 kilómetros de Kosovo, el grupo que integraba se contactó con la ONU y comenzó con las misiones de relevamiento y asistencia. Además de los problemas fronterizos se toparon con las mafias. Las mismas que les robaban las herramientas de trabajo a los periodistas y después se las vendían. Por eso, el equipo recibió como una bendición a un lugareño que los acompañó como traductor y los escoltó como guardaespaldas. 
En sus 25 días en Albania, el doctor Labourt vivió experiencias que marcaron su vida. Experiencias que lo llevaron a despertarse en medio de la noche al grito de: "Una bomba, una bomba". Y entonces era Paki Galé el encargado de tranquilizarlo al tiempo que él mismo intentaba no perder la cordura. O el sentimiento de vacío que lo agobió al enterarse de que el hotel en el que había dormido un par de días antes fue arrasado por un misil. "Algunas cosas me guardé y no se las conté a mi familia, algunos riesgos que pasé. Pero no quiero que me identifiquen como a un loco o como a un héroe. Sentí la necesidad de salvar vidas, y muchas veces, ante eso, no se encuentra la ocasión de llevarlo adelante. Podés curar, rehabilitar, pero solo allí me sentí absolutamente imprescindible", recordó esa vez.
A pesar de haber convivido con la tragedia y de haber escuchado de boca de protagonistas principales y secundarios sobre raptos, violaciones y muertes, Labourt insistía en que no fue a la guerra sino a un lugar con situaciones de riesgo. "Se puede hacer un cálculo sencillo: 70 días, a 300 bombas por día, son 21 mil bombas, y hubo unos 10 errores. Me parece que estadísticamente es irrelevante. Pero debo reconocer que algunas veces tuve miedo, como por ejemplo cuando me subí a un helicóptero militar. No de que nos tiraran un misil, porque éramos personal civil. Sino de que alguno estuviera aburrido allá abajo y tirara un balazo. Iba siempre así agarrado por las dudas -se tomaba los genitales como la típica cábala futbolera-. En ese momento no tenía ni siquiera un casco para ponerme". 
Tenía el cabello abundante, mitad cano y mitad oscuro, y un decir con acento marcadamente porteño. Todo acompañado por una cordialidad que por momentos abrumaba. "De noche me comunicaba por correo electrónico con mi familia y amigos. Uno de ellos me mandó un mensaje que decía: "Racing vuelve a jugar". Creo que fue la mayor emoción que viví en esos días".
- ¿Usted es creyente, doctor?
- "Sí".
- ¿Siente que Él lo cuidó?
- "Algo de eso hubo, porque sino..., aunque también creo que hay cosas que están escritas". 
- ¿Qué es lo más fuerte que dio y que recibió a cambio?
- "Di una parte importante de mí. Mi pasión es la de ayudar, en lo referente a la salud, a las comunidades aisladas. Y he recibido un pago invalorable que se llama gratitud".
- ¿Y dinero?
- "Obviamente que no. Es por ello que no he podido aún volver a Kosovo, porque estoy tratando de recomponer la economía de mi familia". 
- ¿Qué es lo más importante que descubrió en Kosovo?
- "La verdadera dimensión de la frase: "tener hambre". Los refugiados estaban abandonados a su suerte. Cuando llegamos a un centro nos gritaban "buk", que significa pan. Esa gente no tenía nada de nada. Pero lo único que quería era comer. En este viaje vi una pobreza que conmueve hasta al más frío".
- ¿Y lo que más lo golpeó?
- "La mirada de los chicos. Estaban como shockeados, no había manera de hacerlos reír. Me sentí inmensamente feliz de poder hacer algo por ellos, atenderlos, y hasta enseñarles a jugar a la pelota. La primera vez que les dimos una se peleaban por abrazarla. Con el tiempo les explicamos que si se la pasaban todos podrían tocarla y así fue que conocieron lo que para ellos fue un juego nuevo. Al menos esta vez, y en serio, el fútbol sirvió para aplacar tanto dolor, tanta tristeza"

 

http://www.diariocastellanos.net/no…/a-salvo-gracias-a-diego

 

 

Diario El Sol de Quilmes

Pesar por la muerte del el doctor José Labourt  

Martes 29 de Enero de 2013 | 23:59

 
 

En la noche del lunes, víctima de una cruel enfermedad, falleció el reconocido médico quilmeño, José María Labourt. Además, de su condición de excelente profesional, su tarea se extendió más allá de las fronteras, ya que participó, entre otras iniciativas, de tareas humanitarias en distintos puntos del planeta.La triste noticia comenzó a extenderse durante la jornada de ayer, aunque el deceso se produjo en la noche del lunes, tras una dura pelea contra un cáncer de pulmón que le llevó la vida.Tal como ocurre con las grandes personalidades, su obra queda y estará presente por siempre en cada uno de los lugares en que ocupó, desde la Presidencia del Círculo Médico de Quilmes hasta su lugar como dirigente de Argentino de Quilmes.En materia profesional, se caracterizó por ser especialista en Pediatría, Infectología y Tisioneumología, trabajó en el Ministerio de Salud Provincial y Nacional. Cumplió funciones en la Municipalidad de Quilmes y en el Hospital  Isidoro Iriarte del distrito.Pero sin  lugar a dudas, el lugar en donde tuvo mayor repercusión en  las tareas  humanitarias como parte del grupo de "Médicos en  Catéstrofe" y otras organizaciones que se encargan de llevar atención sanitaria en zonas desvastadas de la Argentina y el mundo.Acerca de cómo nació esta vocación por ser "médico de catástrofes" como se los denomina, en una recordada nota que el doctor José María Labourt, había realizado con El Matutino del Gran Buenos Aires, cuando se le entregó la distición del Sol de Oro 2009, había expresado que "la vocación la tenemos todos los médicos. El ideal del médico es sentirse útil y necesario e idealmente, imprescindible. En una sociedad como la nuestra, con tantos recursos médicos y organización sanitaria, no es habitual. Uno quisiera sentir que su obra, si no la hace él, no la puede hacer otro. Y en este caso, cuando se da la oportunidad y tenés un apoyo tanto familiar como de la sociedad y la suerte de poder implicarte con una organización que se dedique a eso, como me pasó a mí, empezás".La primera experiencia del doctor Labourt, antes de viajar a Kosovo, fue en la Argentina: "era una organización que se llamaba Médicos en Catástrofes. Me presenté un día en el noventa y pico para colaborar con esta gente que estaba en Ruanda y Burundi, en un campamento de refugiados. Y desde acá, resolvimos algunas cuestiones epidemiológicas. Y ahí empecé y la primera misión fue en Argentina, en Formosa y Chaco".

< Volver