A 100 años de la declaración de “Ciudad” de Quilmes

Quilmespor Víctor Gullotta PuebloKilmes

Algunos hechos históricos nacionales e internacionales que nos rodearon

Los 100 años de la Declaración de Ciudad por Ley Provincial promulgada el 2.8.2016, nuestro Certificado de Inscripción en la modernidad, pasaron para las actuales autoridades municipales como agua entre los dedos.Tal vez, para no mirarse en ciertos espejos muy molestos que deben reconocer que de aquellos palos tales astillas. ¿Por qué? ¿Cuáles pueden ser las claves para entender tamaño desconocimiento, más allá de algunas breves referencias? Apuntes de algunos hechos históricos para una reflexión.

¿Quiénes nos gobernaban durante la promulgación de la ley de “Ciudad” para Quilmes? La situación política del año 1916.

El 2.4.1916 Hipólito Yrigoyen es elegido primer Presidente de la Nación a través de la Ley Sáenz Peña de sufragio universal masculino y secreto, refrendado luego por el Colegio Electoral. Asumirá el cargo el 12.10.1916 e iniciará así el fin del llamado ciclo conservador de la Argentina. Gobernará en cambio la Provincia de Buenos un miembro del Partido Conservador hasta 1917, Marcelino Ugarte. De manera tal que cuando se establece la Ley Provincial que declara a Quilmes como “Ciudad”, elevando un grado su antigua jerarquía de “Pueblo”, gobiernan tanto en la Nación como en la Provincia de Buenos Aires conspicuos representantes del Partido Conservador y pro oligárquico (Victorino de la Plaza, por un lado, y Marcelino Ugarte por el otro). La inminente llegada del llamado “peludo” al nuevo y electo gobierno nacional marcará sólo algunos meses después y por primera vez en la historia argentina la irrupción de amplios sectores populares, ampliará derechos sociales, realizará actos económicos independientes respecto a los grandes intereses británicos dominantes por aquel entonces, y representará un cambio sustancial en el ejercicio más abierto y participativo de la política, dejando de lado las componendas de escritorio y saludos de levita y chambergo (chaquetas y sombreros de alcurnia), y secretismo diplomático a espaldas del pueblo. Pero hasta antes de la asunción del hombre del Partido Radical al Gobierno Nacional el marco político en que se promulga la Ley es por varios costados netamente “Conservador”.
El 2.8.1916 gobierna en Quilmes -que apenas tenía 39.000 habitantes según el censo de 1914-, un representante del Partido Conservador, el Dr. Pablo Castro, quien recién será reemplazado el 2.5.1918 por el radical Dr. Pedro Elustondo.

El significado de “Ciudad”. Ayer y hoy.

En agosto de 1916 la Argentina todavía seguía siendo tributaria del modelo agro-ganadero exportador. Alimentos para afuera, hambre y miseria para adentro. Se había iniciado con toda fuerza durante la Generación del 80 del siglo anterior. Ese modelo nos colocaba en el jolgorio limitado de los intereses de la oligarquía terrateniente y ganadera y en la división internacional del trabajo de aquel entonces: un país proveedor de materias primas, sobre todo de granos y carnes, y un país comprador de manufacturas, fundamentalmente europeas, y sobre todo inglesas. Nada de industrialización. Puro comercio de granos y carnes. Que consolidaba una dependencia económico-estructural y miseria generalizada para la mayoría de la población. Quilmes en los primeros quince años del siglo XX no podía haberse sustraído a ese impulso general de la Nación, y mas aun a escasos 20 kilómetros de la Ciudad-Puerto donde ese tránsito exportador-Importador se desarrollaba y consumía. Su única industria importante era la famosa Cervecería, de capitales internacionales, pero que no producía un valor de consumo reproductivo hacia otras áreas de la industria sino para el consumo personal, y aun a contramano de otra cultura de bebidas fuertes de la patria (como el vino, la ginebra o la grapa). Cuando se habla de la Industria Cervecera en Quilmes, como la “gran” industria, también debemos destacar qué tipo de Industria era y sigue siendo. Por supuesto, también formó una fuerte base social de obreros “industriales” en nuestra localidad. Luego, había talleres menores (textiles, metalúrgicos, hornos, etc).Algo se ha hablado acerca de la campaña periodística previa que realiza el maestro normalista quilmeño Atanasio Lanz con sus artículos en el diario de Buenos Aires “La Prensa”, desde 1913. Y se lo considera como el precursor ideológico para que los gobiernos nacional y provincial reparen en la “jerarquía” de la localidad ribereña del sur. Pero debemos decir que la campaña de Don Atanasio Lanz para promover el interés por “elevar” a Quilmes a la categoría de “Ciudad” a través de La Prensa, está basada fundamentalmente en la existencia de los “Edificios”: municipales, de transportes, recreativos y de cultura existentes en el lugar. Las luces, los adornos, la superficie, de alguna manera una cierta tilinguería de la cual Quilmes no pudo haber escapado en aquel entonces como marca de época. Pues no había aquí un desarrollo productivo que nos pudiera constituir en un centro radiador importante. La burguesía local ni siquiera pudo anticiparse con éxito al intento de declarar a Quilmes como “Capital” de la Provincia de Buenos Aires, antes que la recientemente planificada y construida localidad de La Plata se llevara ese galardón en 1882, y antes que ella misma estuviera conformada por sus principales “edificios”. La Plata fue Capital “antes” que sus Edificios estuvieran todos ordenados y levantados. Primaron otros intereses. Por ello, Premio consuelo al fin otorgado a Quilmes en 1916 por parte de una oligarquía nacional y provincial, ya en retirada -no definitiva- que no tenía mucho para ofrecer, excepto estas declaraciones formales, inocuas en sí mismas, pero que representan un vacío de ideas y propuestas.

El mundo en la década de 1910 cuando Quilmes es declarada “Ciudad”.

La década de 1910 podría ser considerada como el emerger inédito de inmensos movimientos humanos mundiales: para la paz, para la guerra, para la producción económica y para el fenómeno de las comunicaciones masivas.
En 1910 comienza en México la Revolución liderada por Emiliano Zapata, Orozco y Pancho Villa, un movimiento de origen campesino que se había mantenido al margen del “progreso” reservado solamente a las élites ciudadanas. De origen campesino, la revolución del fusil “30-30”, de “Si Adelita se fuera con otro…”, y de los hombres de a caballo con bandoleras cruzadas reclamará la posesión de tierras, la distribución de la riqueza y la participación en los asuntos públicos para los postergados.
En la Argentina tendremos el Grito de Alcorta (1912), una rebelión agraria de pequeños y medianos arrendatarios del sur de la Provincia de Santa Fe que se extenderá a la región pampeana, no armada como los hombres de bigotitos y mirada fiera de México. A los arrendatarios y subarrendatarios de nuestras tierras más fértiles, luego de vender sus cosechas, pagar las rentas a los propietarios y reponer instrumentos de labranzas y semillas, no les quedaba prácticamente nada para sí, en una situación todavía más complicada que cualquier régimen feudal donde una buena parte del trabajo quedaba para el siervo de la comarca.
El intenso flujo migratorio de personas, como antecedente de la migración de carácter global que se dará en el presente neo-modernismo, tuvo su máxima expresión simbólica en el Hundimiento del Titanic (1912). Con el Titanic -época también del telégrafo y del desarrollo de la prensa escrita- no sólo se hundió el “inhundible” sino los sueños de la felicidad eterna que nos podía brindar el desarrollo de las tecnologías erguidas por encima de las fuerzas de la naturaleza, y el encumbramiento al cenit del orgullo y la vanidad del hombre nacido de los sueños de la Revolución Industrial Inglesa por encima de los designios misteriosos de Dios. El Misterio de lo inexplicable, absurdo e imprevisto persistirá después del hundimiento del barco de pasajeros más grande del mundo. Y la Idea del Progreso sin costo alguno comenzará a tambalear. Las luces apagándose del Titanic son también las luces temblorosas de cualquier “Ciudad” o megalópolis que no tiene su futuro asegurado. La época comenzaba a negarse a ver la cara de la Medusa que la destruiría.
En 1913 el empresario y teórico de la producción capitalista Don Henry Ford -junto a Robert Taylor-, introduce la cadena de montaje en la fabricación de bienes. El hombre se pondrá a inventar el Reino del Automóvil y al mismo tiempo le enseñará al mundo cómo es eso de eliminar los tiempos muertos en la producción, controlar los cuerpos haciendo que ellos todo el tiempo hagan un solo movimiento en una larga línea de trabajo, sin requerirles inteligencia y creatividad alguna. Y mientras de esta manera aumentará su tasa de ganancia -a diferencia abismal del taller artesanal- promoverá al mundo el concepto de la instalación de “necesidades” en el consumo masivo -la “necesidad” de usar automóviles-, y por supuesto facilitará las variadas formas para que esas necesidades creadas sean satisfechas y no queden inconclusas. Con Ford entramos a la sociedad moderna con todo lo que ello significa. Y mientras en el Norte le daban al parche con los ruidos de metales y soldadoras, aquí en el extremo Sur cargábamos barcos enteros con semillas y carnes de vaquitas criadas en tiernos pastoreos.
Pero la Medusa al año siguiente se despertó en serio. Y en 1914 se inicia en Europa la Gran Guerra (o Primera Guerra Mundial). El mundo se envuelve en el que será el cruce más violento conocido en la historia de la humanidad. El Imperio Alemán y el Imperio Austro-Húngaro (luego con al apoyo del Imperio Otomano y de Bulgaria), entra en guerra contra el Reino Unido, Francia y el Imperio Ruso (al que más tarde confluirán EEUU y Japón). Diez millones de muertos, setenta millones de soldados movilizados, guerra de trincheras. Lanzallamas, bayoneta calada. La lucha secreta por la apropiación del combustible moderno, el petróleo, que ya venía desplazando al carbón. No podía tamaño acontecimiento mundial dejar de influir en nuestras gobernantes huestes exportadoras, las que comenzarán a vislumbrar que el mundo del Norte no es tan bello como se pensaba y admiraba. El radicalismo en ascenso intentará reparar el descalabro de la época, acompañándose de la inmensa inmigración extranjera que habíamos recibido, del criollo que despuntaba con mayor vigor, y de los reclamos por mejores condiciones de vida. El normalismo pedagógico, con cierta paradoja fundada por la Generación triunfalista del 80, servirá como una de las últimas bases más apropiadas para encarar la etapa nueva que se cierne sobre la Argentina: la valorización de las ciencias naturales, instrucción nacional básico y difusión de los valores patrios para homogeneizar la dispersión cultural, la aplicación del método experimental, un cierto desapego a la religión, pero cargado con fuerte enciclopedismo y respeto a la autoridad. La primera promoción de Maestros Normales se dio en Quilmes en 1916, en simultáneo con la declaración nuestra de “Ciudad”. Todo tiene que ver con todo.
La Guerra finalizó. Argentina mantuvo una favorable y correcta neutralidad. Pero no sin ello dejar de aplicar la terrible Ley de Residencia -desde 1912- ( Deportación de cualquier Extranjero díscolo a las formas del régimen imperante) y tampoco de ejercer el instrumento de “abollar” ideologías -Mafalda dixit-, contra socialistas y anarquistas que también se hacían sentir y mucho por aquellas épocas. Mientras terminaba la Guerra el Imperio Ruso desaparece (1917), la dinastía de los Romanov es pasada al otro mundo por los bolcheviques y se abre un sueño y un monstruo al mismo tiempo que aterrará a Europa y al mundo, y caen también los Imperios Alemán, Austro-Húngaro y el Otomano. Los comienzos de la globalización del siglo XX barrerá todo lo que huela a un exagerado carácter “nacional”. El Imperio Nacional debe abrir paso al Imperio Global y los pueblos deben abrir paso a la “Ciudad” más universal, civilizada y abstracta. Ese es el marco de algunos grandes hechos históricos.

¿De nuevo la góndola para el mundo? ¿Cómo sería la “Ciudad” en esa góndola?

Pasaron ya 100 años de aquellos entuertos. Hoy, en algunos documentos de gobierno municipal se habla mucho de “Ciudad” de Quilmes y no de “Municipio” de Quilmes. En 1916 se quería decir que “Ciudad” nos otorgaba una categoría “ciudadana”, es decir, de vinculación a un rango superior, más universal, porque los “pueblos” son más arraigados a un específico lugar: son únicos e irrepetibles y están compuestos por “pobladores”, no por “ciudadanos”. Está bien, pero debería reconocerse que era el sello de Modernidad que nos quería imponer el régimen para darnos un foco de luz tenue, un brillo sin lustre. Hoy, cuando se habla que la Argentina debiera ser una “góndola” para el mundo parece que se está queriendo decir que volvamos a la argentina agro-ganadera exportadora de la década de 1910. “Ciudad” limpia, abstracta, iluminada hacia afuera, la superficie, un centro vacío, y una pobreza extendida otra vez hacia las periferias. Una Argentina con una base de alimentos primarios otra vez disponibles para que el mundo venga a comprar. La industria, la producción nacional, el mercado interno, y por ende el desarrollo de lo local a partir de sus propias industrias y comercios quedan así desdibujados porque no somos una “Ciudad” que viva de lo primario. Si no se tiene qué aportar o colocar a la “góndola” para que el mundo venga a “servirse”, no se existe, no hay destino. Ello de alguna manera pre anuncia la “desaparición” de una “Ciudad” tal como la hemos venido conociendo y viviendo. Y probablemente aparezca otra: con menos comercios, menos talleres, menos industrias, y muchísima desocupación. Aquí no tenemos con qué aportar a esa declamada “góndola”. Para que ello engarce entre el ayer y el hoy Quilmes debe ser en el concepto de muy pocos una “Ciudad” parecida a la de 1916 , retornar a aquel concepto vacío, sin fecundidad, que nos envolvió cuando fue declarada como tal, y no un “Municipio”, que es lo que en verdad se vincula a su carácter de pueblo, a la ley de un territorio acotado con particularidades diversas dentro de la Provincia. De ello no se habla, no se debate. Estos también son los peligros a 100 años de aquella Declaración. En 1916, cuando la Ley Provincial de Ciudad nos fue derramada con los albures del Progreso -hasta que asume el Yrigoyenismo- nos gobernaba el Partido Conservador. Y en 2016, a 100 años de aquellos fatuos, ¿cuáles son las aguas que tenemos cuando miramos abajo del puente? Apuntes para una reflexión integral que nos merecemos todos los quilmeños.

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