FLAMMINIA, Norma

La Palabra

Viernes 28 de Julio de 2017_________________________________________________________

Norma Flamminio

Se jubiló una pionera

 

Tiene 69 años, su nombre es Norma Flamminio y entró a trabajar a la Cooperativa- Tres Límites del Centro Agrícola El Pato en 1984. Entonces trabajaba en la oficina de Don José Jorge, que fue el primer secretario de la cooperativa, quien la invitó a ser parte de la nueva institución. Estuvo nada menos que 33 años en ese puesto; hasta muchos la consideraron la “fundadora”. Hoy, recién jubilada, disfruta de una vida nueva, lejos de las obligaciones y las responsabilidades que le requería el puesto. Le dedica más tiempo a la familia y está comenzando a acostumbrarse a esta nueva situación. Sin embargo, cuando pisa la calle, vuelve a ser “Norma” y la gente la vincula directamente con la Cooperativa, entidad que, de alguna manera permitió que esta localidad creciera como lo hizo.

Su papá, llegó a El Pato en 1942; Juan Flamminio fue el tercer habitante. Tenía quinta y por muchos años sus únicos vecinos fueron algunos floricultores. Norma fue a la escuela N° 35, ubicada sobre la calle 619, hasta sexto grado. Por dos años seguidos el Rotary Club le dio la medalla de mejor compañero de grado.

Obviamente cuando los Flamminio llegaron no había luz; esas fueron conquistas que se hicieron posibles gracias al trabajo de una comisión de vecinos que se ocupó del tema. Fue parte de ese pasado donde la ruta era una sola y el único colectivo que les permitía viajar era el Río de la Plata. Mucho después apareció El Expreso Buenos Aires que paraba en el kilómetro 45.

“Me encantaría que la gente que desde el principio colaboró para que todo se pusiera en marcha y hoy ya no esta pudiera ver en qué se convirtió El Pato”, confesó Norma.

En el 84, antes de poner en marcha la Cooperativa, lo primero que se hizo fue una asamblea donde se eligió una comisión en la sociedad de fomento El Peligro. “El objetivo era traer el teléfono, pero también se cobraba la luz que era SEGBA. Toda la gente preguntaba y ni nosotros sabíamos mucho, pero cuando se compraron unos postes y se los puso delante de la vieja sede, muchos vecinos comenzaron a preguntar con más entusiasmo. Me acuerdo que ENTEL estaba en Mar del Plata y los de la comisión tenían que viajar allá para ultimar detalles. Recién en el 87, cuando se puso todo el tendido de cables, tuvimos el servicio. Un día en la oficina sonó uno de los teléfonos que teníamos de vista. Nos sorprendió y nadie quería contestar. Tamahachi, un japonés que vivía alejado, tuvo el primer teléfono. Tenemos teléfono Norma, me gritaba. Era una prueba que estaban haciendo. Él fue el primer abonado” describe la mujer.

Hoy la Cooperativa diversificó sus servicios y pudo realizar un barrio de 40 viviendas, una casa de sepelios, otro barrio en construcción, una escuela, etc. El orgullo de Norma es haber sido testigo y parte de todos esos progresos que lograron cambiarle la cara a la localidad más apartada de Berazategui. Una zona rural que hoy tiene cierta autonomía comercial y civil que les permite no depender del centro.

“Los primeros socios pusieron un aporte de capital muy importante en dólares. Gracias a esa gente se pudo comenzar, porque Telefónica no puso nada. Hoy son más de 3000 los socios que habitan en El Pato, Barrio Parque La Carolina y La Plata. Gracias a su empuje se pudo traer el gas natural. Y pensemos que aquí tuvieron que pasar kilómetros y kilómetros de cañerías” describió Norma y destacó: “no se puede negar que crecimos gracias a la Cooperativa. Sin ellos no tendríamos muchas comodidades de las que gozamos hoy. Por ejemplo ahora están cambiando los primeros cables de teléfonos originales, para reemplazarlos por fibra óptica para tener un mejor servicio de internet y más efectivo para la gente. S í, tenemos que decir que faltan cloacas y agua corriente, dos servicios fundamentales que todavía no tenemos”.

Mientras cumplía su labor, a diario, incluidos los sábados, formaba su familia. Siempre en atención al público, había gente que la esperaba por su buen humor, y su predisposición para resolver cualquier inconveniente. “Hubo momentos difíciles, no puedo negarlo, porque venían temporales y se caían los postes, y la gente se quedaba sin servicio, entonces había que remarla, pero salimos adelante” expresó.

Le hicieron varias despedidas. Le regalaron muchísimas cosas, pero sobre todo se llevó el sabor del deber cumplido, de ser querida y respetada.

“Me sorprendieron muchísimo. Incluso los que no pudieron venir a las despedidas me invitaron a comer. Estoy sumamente agradecida. Estuvieron todos los presidentes anteriores, empleados, muchos vecinos, algunos incluso que ya ni viven en El Pato. Me llamó un montón de gente.

Estoy muy conmovida” confió Norma a La Palabra.

 

 

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